TEORÍA
Y PRÁXIS EDUCATIVA
La filosofía de la educación es la
reflexión sobre la experiencia pedagógica y sigue su propio discurso lógico, de
carácter práctico-teórico; de ahí que uno de los temas principales dentro de
esta rama será la unión entre teoría y práctica.
Sin embargo, en
necesario aclarar que tanto se han usado ambos términos y la relación existente
entre ellos, que es el segundo término (el de praxis), el que más sufrido las
consecuencias, pues se carece una concepción concreta de él, por lo que al no
poseer una claridad en su concepto, el cual vendría a ser el fin que se
persigue, difícilmente se tendrá un camino que sirva de orientador hacia ese
fin.
Luis Gerardo Meza,
fundamentándose en Wilfred Carr, da un esbozo del concepto de praxis educativa;
en efecto, para él no se trata de otra cosa «más que una forma de poder, una
fuerza que actúa tanto a favor de la continuidad social como del cambio social
que, aunque compartida con otros y limitada por ellos, sigue estando, en gran medida,
en manos de los profesores».
Sin embargo, surge la
pregunta, ¿a quién le compete, en primer lugar, hacer conciencia del término
praxis educativa? Sin duda alguna la respuesta salta a la vista: en los
docentes; pero es necesario precisar algo: en la medida en que estos docentes
se estimulen en el conocimiento y comprendan de forma más perfeccionada y
eficaz sus propios problemas y prácticas. Es decir, en la medida en que sean
conscientes de los métodos teóricos utilizados por ellos mismos y la realidad del
alumnado, entonces se puede hablar de una auténtica praxis educativa.
Ahora bien, ¿qué
relación debe existir entre teoría y práctica educativa? La respuesta puede ser
triple:
1.
Aquella
que afirma una relación de oposición y la cual se puede resumir la simpleza de
una frase: práctica es todo aquello que no es teoría y viceversa, pues la
teoría aborda ideas abstractas, mientras que la práctica tiende a concretizar.
2.
Aquella
que afirma una relación de dependencia, es decir, la teoría antecede a la
práctica y ésta no se da sin aquella, y la cual, a su vez, puede ser de doble
partida: por una parte una práctica que supone una teoría; por otra, la que
presupone la asunción de una teoría externa que rige las actividades prácticas
de cada educador.
3.
Finalmente,
aquella que afirma una autonomía de la práctica con respecto a la teoría, es
decir, aquella postura que afirma que el «saber cómo» es un concepto que
antecede al «saber qué».
Estas tres relaciones, a
decir del autor, son inadecuadas, no se puede sobrevalorar alguna de ellas o
minimizar otras, pues las tres resultan incompletas y excluyentes. El problema
fundamental radicaría en la falta de contenido en el concepto de la práctica
educativa.
¿Cómo se respondería
ante carencia que tanto afecta a la educación en la actualidad? La respuesta,
según Luis Gerardo, tendría que venir en la inversión de la investigación
educativa, la cual tendría que apuntalar en la necesidad de una conexión real
entre la teoría educativa y la práctica educativa, en otras palabras, considerar
a los docentes como investigadores, y a los investigadores como docentes.
BIBLIOGRAFÍA
Meza, L. (2002). La teoría en la
práctica educativa. Comunicación, XII
(2), s/pág.

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